Retenciones cero para las economías regionales en riesgo. Por Carlos Brown.

El diputado del bloque FE exige medidas para paliar la "crisis" de las economías regionales a partir del retraso cambiario, los costos de producción y la presión tributaria.
13 de mayo de 2015 - Parlamentario
Recientemente los productores de las economías regionales que se extienden a lo largo y ancho del país se han declarado en “alerta y movilización”, a raíz de la crítica situación por la que están atravesando como consecuencia de las desfavorables condiciones que el gobierno les ha impuesto durante los últimos años.

El fuerte retraso cambiario, los altísimos costos de producción y la excesiva presión tributaria que hoy padece la agroindustria, entre otros factores vinculados al panorama económico mundial, ponen en riesgo a miles de productores y a más de un millón de trabajadores.

El resultado de este escenario se ha reflejado en caídas de alrededor del 50% en indicadores de rentabilidad –tomando 2006 como referencia- para una buena parte de los productos emblemáticos de las economías regionales, de acuerdo a relevamientos realizados por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea.
En efecto, la inflación registrada con posterioridad a la devaluación del peso durante enero de 2014 terminó anulando el intento de recomponer precios relativos, al tiempo que en el mercado mundial predominó la tendencia negativa en las cotizaciones: de veinte productos monitoreados, sólo cinco registran mejoras en los precios internacionales respecto de diciembre de 2013; en tres se advierte estabilidad y en doce reducciones significativas.
En este sentido, la pérdida de competitividad se agrava por la divergencia del recorrido del tipo de cambio real de la Argentina con el de países vecinos, que son competidores y clientes a la vez, en muchos de los productos considerados. Teniendo en cuenta la paridad con el dólar estadounidense, mientras actualmente Brasil y Chile registran pocas diferencias en términos reales con la base de enero de 2007, en nuestro país la moneda local se ha apreciado un 45%.
Este diagnóstico, que ha empeorado sustancialmente durante el último año, es compartido desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la cual advierte que las economías regionales atraviesan “una crisis profunda” debido a que “la mayor parte de las producciones tienen problemas de altos costos internos, bajos precios de cosechas y freno de la demanda externa”.

Es importante tener presente que, paradójicamente, en la actualidad la carga tributaria de la economía argentina es la más alta de su historia. Se recaudan sólo en tributos nacionales 15 puntos más de PBI que hace diez años, con altísimas tasas de crecimiento durante esta década. Casi una centena de tributos nacionales, provinciales y municipales gravan al ciudadano común, en actividad o jubilado, como así también a los sectores productivos y de servicios, en mayor proporción a los pequeños y medianos.
Sólo para mostrar un ejemplo, de acuerdo a un informe difundido recientemente por la Federación de Acopiadores, en el caso del cultivo de trigo de la provincia de Buenos Aires los productores trigueros “cedieron” durante los últimos ocho años 6600 millones de dólares por retenciones y 3000 millones por las restricciones cualitativas a las exportaciones.
Dicho informe señala que “del total, el 61% fue transferido a sectores que no son los de menores ingresos, y hubo filtraciones en la cadena por lo cual se beneficiaron los exportadores de trigo y harina y los competidores externos”; por otro lado, “sólo el 39% significó recursos al fisco y transferencia a los pobres, en la medida que éstos hayan podido comprar alimentos al precio oficial”. Todo lo cual ha configurado, de acuerdo al análisis de diversos actores sectoriales, una tendencia contractiva del área sembrada y la producción.
Como producto de esta situación, las economías regionales primordiales para el desarrollo de nuestro país hoy ven en riesgo entre 50.000 y 150.000 puestos de trabajo cada una, además de una caída en sus demandas internas y externas y por tanto en sus valores de comercialización. Y el cuadro se completa con la gran brecha entre el valor que reciben los productores y lo que se abona en góndola por sus productos, que ha alcanzado un 1500%.

Por todo ello, he presentado un proyecto de ley que plantea la impostergable necesidad de reducir a cero los derechos de exportación aplicados sobre diversas producciones agropecuarias, particularmente las más afectadas por esta coyuntura (trigo, maíz, girasol, sorgo, carnes bovinas y otras carnes, huevos de ave, lácteos, frutas, frutas secas, té y yerba mate, miel, hortalizas, otros cereales, oleaginosas, aceites y grasas, molienda seca y húmeda, vinos y mostos, tabaco, azúcar, lanas y algodón). Asimismo, hemos presentado un pedido de informe al respecto y hemos realizado una jornada de análisis sobre la problemática con legisladores y representantes del sector.

Las economías regionales cumplen un rol fundamental en nuestro país ya que tienen la posibilidad de explotar el potencial de los recursos naturales sustentablemente, incorporando tecnología y valor agregado y generando arraigo de los trabajadores a su lugar de origen, a fines de evitar los bolsones de pobreza que encontramos alrededor de las grandes ciudades.

Debemos actuar de manera urgente para que sus productores y trabajadores no se vean expuestos a niveles más graves de degradación y esta problemática, producto de una política abusiva, sea revertida rápidamente.